Furia ciudadana
La revolución acabó con el analfabetismo, aplicó la urbanización a gran escala saltándose varias etapas del desarrollo y decidió que la burocracia fuese la principal fuerza productiva. Todavía el eco de esos “éxitos” se escucha nítido, reverberante, para que nadie dude, para que nada empañe el brillo del asombro, para que la autocomplacencia de los mercaderes de la fantasía alcance el cielo y las estrellas.
El dogma es infalible, frío como la oreja de un cadáver. Todas esas certezas emanan de su centro. Hay que confiar en esas ráfagas de triunfalismo disparadas con cañones de largo alcance y aplaudir en medio de la metralla. Es una orden que pocos discuten. La mayoría obedece, más tarde se rebela- a discreción- con la ética escondida en la suela de los zapatos y la moral manchada con todos los miedos del universo.
Debajo de esas glorias, bulle lo insulso. Es presumible que así sea porque las palabras pierden el rumbo y terminan en vanas alegorías sin puntos de contacto con la realidad.
Fuimos alfabetizados, es cierto, pero y entonces, ¿por qué en vez de hablar se grita?, ¿cómo entender que un graduado de preuniversitario se devane los sesos en tratar de escribir correctamente la palabra “ortodoxia”?, ¿romper centenares de teléfonos públicos de la Ciudad de La Habana es parte del acervo cultural? , ¿Y qué decir del hábito de sacar a los animales domésticos al medio de la calle para que satisfagan sus necesidades fisiológicas?
La alarma no es al azar, el asunto es que cada vez más nos adentramos en un universo de marginalidad con todas las vías de escape clausuradas. Hay que acostumbrase a vivir en una sociedad fracturada y proclive a ejercitar las formas más rudimentarias de la convivencia. Valdría la pena preguntarse, ¿cuenta con alternativas reales para volver al cauce de la civilización? .Evidentemente no.
El ambiente está saturado por un mar de influencias negativas que se reciclan periódicamente reproduciendo costumbres y posturas degradantes. A estas alturas, el uso de un lenguaje correcto, la atinada disculpa, el trato cívico, son categorías sin ninguna vigencia. La cotidianidad se rige por códigos con muchas aristas del reino animal.
Una disputa por un asunto banal que concluye con una puñalada, hace tiempo que no es noticia. El cirujano que forcejea en la entrada del ómnibus para llegar a tiempo al salón de operaciones, es tan normal como tomarse un vaso de agua. Un vecindario inundado de aguas albañales sin el más mínimo indicio de preocupación, es parte de una imagen multiplicada por doquier. Esa es la dinámica que sintetiza un desastre imposible de cuantificar dada su magnitud.
Los números reales permanecen en el interior de una caja fuerte, delante de los reflectores siguen las estadísticas falsas y los discursos sublimes.
El hombre nuevo, que manufacturó el socialismo, tiene demasiados desperfectos. Es peligroso y taimado.
Puede que haga patente su devoción por los fundamentos del partido comunista, incluso hasta se decida a militar en sus filas, pero también dejará constancia de sus instintos en el lugar indicado.
Irá por decantación a la periferia de la existencia donde casi todos sobrevivimos. Unos con voluntad de titanes tratando de hallar fragmentos de apacibilidad en medio del cataclismo y otros tímidamente como el ratoncillo en la jaula del león.
La rabia explotará, nuevamente, sobre algún teléfono, se diluirá en alcohol barato y sexo, quizás en broncas, asaltos, obscenidades orales o escritas en las paredes. Después, es posible que se sienta un alivio pasajero.
La telefonía pública está en crisis. Los jóvenes salvajes le dan duro, con furia como a su peor enemigo. Y eso que en Cuba la educación es gratuita.
El enemigo en la casa
Varadero se embellece por dentro y por fuera. Las remodelaciones, la limpieza, los retoques al mobiliario, el saneamiento de arenas y rincones. Todo marcha de maravillas. Es lógico. En esos perímetros son otras las leyes, otros los compromisos, diferentes las perspectivas. Allí los proletarios tienen fe en causas más tangibles que ese marxismo tan fugaz como el suspiro. El credo que abunda está escrito con un alfabeto sin las peculiaridades de la ideología comunista.
Se reza porque vengan más turistas, preferiblemente dadivosos y sensibles a esas historias tercermundistas contadas en primera persona. A discreción deben saber el intríngulis de las tragedias personales de esos camareros dispuestos a servir en bandejas de plata las mejores ofertas culinarias y a ponerle delante de los ojos la realidad cruda, con los aderezos propios de quien se desdobla en una multiplicidad de roles con tal de ganarse el pan en ese reducto del paraíso.
Gerentes y subordinados se disputan, de acuerdo a su categoría, el pastel de dólares o euros. Hay material para darle movimiento al motor de la esperanza. Este año se espera una notable invasión de visitantes foráneos.
Según partes oficiales la cifra se estima superior a los dos millones. Sobre estas valoraciones se edifican planes de todo tipo. Mayores propinas para invertir en algún negocio ilícito, superiores las posibilidades de obsequios, máxima optimización para el ejercicio de la estafa, aumento del margen para trabar amistades y conseguir una carta de invitación, y echar los primeros cimientos para concretar un matrimonio fraudulento, pero de máxima utilidad en el intento de residir permanentemente en cualquier parte y venir de visita.
No importa que la empleomanía ostente el carnet de la Unión de Jóvenes Comunistas o milite en las filas del Partido del mismo signo ideológico. Esa es la coartada para colarse en la fiesta y bailar con otros ritmos ajenos a los que retumban en las áreas laborales adscritas a la moneda nacional. Allí la danza es descalzo y sobre brasas de carbón.
Varadero, desde la década del 90 del siglo XX, cayó en manos del capital. Desde entonces no hay discurso patriótico que rompa ni tan siquiera una ventana, ni arenga revolucionaria que traspase el blindaje del principal emporio turístico de la Isla.
Muchos de los huéspedes que se esperan en la temporada alta, que comienza en diciembre y concluye en abril, terminarán convenciéndose que Cuba no es ese país que la prensa occidental describe como un enclave perdido en las neblinas de ineficiencia y la represión.
Para que no alberguen la menor duda, los hoteles Tuxpan, Oasis, Las Morlas y Breezes Varadero están bajo los efectos de una brigada de reparación y embellecimiento. Deben estar disponibles cuanto antes. Seguramente en Toronto, Roma, Londres o París se encuentran los inquilinos.
De cierta forma este sitio de esparcimiento (para extranjeros) contribuye a romper con el molde socialista que todavía proclaman políticos y monigotes. La diferencia de clases está a la vista.
El flujo de divisas para mantener el status quo, basado en códigos de libre mercado a la usanza tercermundista y con las degradaciones propias de una espontaneidad al margen de normativas legales, está garantizado. Hay economía sumergida, descontrol e ilegalidades para rato.
A decir verdad, esas parcelas de relativa abundancia han menguado el alcance de una publicidad cada vez más anacrónica. Insistir en que se construye el mejor proyecto social del orbe, es rendirle honores a la fábula.
Poco a poco el capitalismo se come a la revolución. Eso sí, la digestión, por ahora, es lenta. La boca del capital todavía es pequeña, pero las cosas podrían cambiar más rápido de lo esperado y Cuba no es China.
Para disgusto de los patronos no hay marcha atrás. Emprender el camino de retorno es decisión de locos. En sus trajines de buscar soluciones a medias entre las malezas de la ortodoxia, ¿habrán extraviado la cordura?
Cuba real, Cuba virtual
Cuba impresiona. No hay obstáculo infranqueable. Todos los problemas tienen solución. Hay un almacén de parches, ideas, letras mayúsculas, papel y bocinas en función de darle el mayor viso de credibilidad a las correcciones para enderezar al sistema. En esos rubros la escacez es una mala palabra.
Es natural que haya un buen surtido de burócratas y comediantes para escenificar el guión que los dramaturgos del alto mando confeccionan, sin notas al margen y con un asombroso poder de síntesis.
Ahí está el periódico Granma desbordándose en proposiciones mágicas, teorías concluyentes y vaticinios que pintan el futuro con los colores del Edén. Es una de las aristas para la seducción a ultranza. Hay que creer en esos párrafos que describen la musculatura del socialismo, aunque entre línea y línea se divise el aparato del aire artificial y el vendaje para sellar el orificio.
Los éxitos de la próxima zafra, la inminente construcción de cientos de hidroeléctricas en las más de 230 presas, la espectacular recuperación de la agricultura, el sobrecumplimiento en la recepción de turistas, la favorable evolución del Producto Interno Bruto. Esa es la tónica con que se quiere mantener una estrategia basada en tergiversaciones y triunfalismos, hoy aceptados por una exigua minoría y rechazados por el grueso de la población.
No por gusto las preferencias del público van dirigidas a la página deportiva y a la cartelera de la televisión. Después, el tosco fraccionamiento y el engarce con el clavo situado en una de las paredes del servicio sanitario. Más que una costumbre es el llamado del ahorro. Leer lo imprescindible e higienizar lo mejor posible. Doble función por un precio que oscila entre 0.20 cents. y un peso, ambos en moneda nacional, este último importe correspondiente al mercado negro. No es casualidad que todos persigan a la prensa escrita. Razones sobran.
Desde esas latitudes, Cuba asombra por sus logros intensos, el pronóstico alentador y la felicidad disuelta en cada rostro. Del fotorreportaje, del comentario de ocasión, de las noticias radiofónicas o la cobertura audiovisual, parten los hilos de una madeja con la cual se intenta cubrir una realidad y vender otra.
Por mucho que sea el empeño, finalmente salen a la palestra las complejidades de cualquier sociedad moderna. Con el fin de ocultar las sombras se ha creado una realidad virtual cada más alejada de lo terrenal y lo razonable.
Es un juego parido por la demagogia dado en buscar un equilibrio entre una proyección de poder de tintes totalitarios y la ingente búsqueda de remedios psicológicos para una población que se desenvuelve en un radio de acción limitado y aplastante.
Hacer creer que la revolución continúa siendo el único puerto seguro, a través de recurrentes campañas publicitarias, reciclamientos de medias verdades y omisiones de escándalo, es una actitud que desfigura el sentido común en grados superlativos.
El cuento es cuento por más que se le quiera dotar de fiabilidad.
La prensa oficial refunda, en cada edición, a Cuba, por los menos en cuanto a eficiencia, solución de problemas sociales urgentes, rectificaciones, esperanzas.
Últimamente hasta abordan, con sus respectivas acotaciones, zonas críticas del sistema con tal de regenerar el tejido de la responsabilidad perdida entre tantas muestras de vasallaje.
La censura es como el oxígeno del régimen. Es lógico que no exista, en este espacio, apenas margen para un cambio de percepciones. La apuesta es seguir bajo la misma arquitectura cueste lo que cueste.
Por miedo, los rehenes persistirán en el ejercicio del silencio, continuarán deslizándose por debajo de las cercas de la unanimidad como mejor lo puedan hacer. Con mucho histrionismo y astucia.
Entre los forcejeos del destino, Cuba en la memoria. No la insoportable y difícil, sino la menos calamitosa. La del periódico Granma o la que destella en las páginas de Juventud Rebelde. Millones de coterráneos añorarían un recorrido por esa nación. Allí funciona mejor el socialismo.
Trago amargo
El tono es diferente, la cobertura discreta, el lenguaje más bien parco y asido a la órbita de una gestión plagada de desafíos y signos de interrogación. En estos perímetros transcurre la cobertura mediática- de los medios oficiales cubanos- al inminente estreno como presidente de Estados Unidos de Barack Obama.
Evidentemente es un trago amargo, una realidad que impulsa a la adopción de otros códigos en el arte de la confrontación.
La nomenclatura debe reinventar su discurso a partir de un escenario que, en buena medida, echa por tierra su más caras motivaciones para la legitimación. Muy pronto, un afronorteamericano asumirá la máxima autoridad en la única superpotencia del mundo y eso, arrastra una serie de repercusiones que podrían generar grandes y pequeñas revoluciones allende las fronteras, de índole cultural, sociológica y política.
Cuando la historia se refiera al largo mandato del partido comunista en Cuba, tendrá que identificar entre las causas del fenómeno, el inicio y desarrollo de una política basada en la estimulación de un diferendo, manejado a conveniencias y con base en escenarios de crisis, en su mayoría con un grado de artificialidad concluyente, pero de indudables réditos políticos.
Sin la paranoia del discurso oficial que insiste en una guerra sin materializar y un bloqueo con más orificios que un queso Roquefort, no habría tal revolución. ¿Cómo habrían escondido la natural ineficiencia del sistema?, ¿Con qué coartada hubiesen convencido al mundo, de la necesidad de mantener al país bajo normativas muy similares a la de un centro penitenciario?
El hecho de que un ciudadano de la raza negra haya obtenido una rotunda victoria en las urnas, ofrece una lección de madurez del pueblo norteamericano y potencia la capacidad de renovación y excelencia de la democracia estadounidense.
Barack Obama, es uno de los frutos del sueño del reverendo Martin Luther King, que aspiraba a la redención del negro, en una sociedad que lo discriminaba brutalmente. En algo más de 45 años, se cumple otro de los anhelos del líder religioso, expresados en el memorable discurso realizado el 28 de agosto de 1963, cinco años antes de ser asesinado por su militancia antisegregacionista. El electorado no dejó margen para las dudas, el color de la piel no fue óbice a la hora de elegir al que consideraron el mejor para dirigir los destinos del país.
A partir del suceso, será complicado sostener los mismos niveles de manipulación que sobredimensionaban los puntos negativos de esa sociedad, entre ellos el racismo. Incluso esto obliga a una reconsideración en intramuros. La representatividad de los cubanos del mismo origen étnico que Obama, en las principales instituciones del estado, tanto políticas, militares como económicas, es irrisoria. Al tener en cuenta que en Estados Unidos son alrededor del 13% y en Cuba más del 50%, sobran los comentarios. ¿Dónde hay más prejuicios raciales?
Recientemente, en uno de los programas radiotelevisados que funciona como plataforma del poder central, se trajo a colación la probabilidad de que Obama corriera la misma suerte de Luther King. Más que un comentario intencional, el asunto pudiera representar un deseo, de acuerdo a una valoración objetiva tanto de la estrategia como de los fines de la élite que gobierna en Cuba.
Obama no conviene. Es una piedra en el zapato que impedirá seguir el ritmo de las discrepancias tan útiles para desviar el foco de atención y asumir el papel de víctima. Bush termina y el socialismo está en harapos, pero todavía en pie. A partir de enero de 2009, las cosas pueden tomar otro cauce. El nuevo presidente ha dicho que tenderá la mano. De este lado no se sabe si le imitarán. ¿Un gesto civilizado o una mordida?
Aún es temprano para saberlo. Ojalá estén pensando en la primera opción.
Asegurando el futuro
La revolución bolivariana va a aminorar la marcha. Hugo Chávez lo anuncia con la mirada puesta sobre el último recibo de las cuentas. Su fortuna decrece y poco puede hacer para detener las pérdidas. Aunque puso a la actual crisis financiera internacional en la zona de los asuntos sin importancia, ahora confirma que Venezuela debe prepararse para los efectos de la contracción económica y sus correspondientes costos sociales.
El precio del barril de petróleo cae sin control y el chavismo tiembla. ¿Cómo mantener el ritmo de gastos para los programas asistenciales y educativos, el elevado desembolso en la adquisición de armamento soviético y la sustentación de un área de influencia regional a golpe de regalías y seductoras propuestas comerciales?
La clase dirigente en Cuba no se queda de brazos cruzados, sabe que gran parte de su legitimidad y supervivencia tiene el olor del crudo venezolano. Teme un recorte en los suministros. Por eso vuelven a tocar la puerta del Kremlin y por otro lado le cursan una invitación urgente a Hu Jintao para que venga a La Habana.
Buscan un asidero más seguro en un mundo secuestrado por la inestabilidad. Es mejor la sombra de cualquiera de estos colosos que la luz artificial de un presidente dado al alboroto y con una proyección de poder muy por encima de sus posibilidades.
Los acontecimientos que suceden alrededor del asunto inclinan a pensar de esta manera. La nomenclatura hace ajustes en la agenda apremiada por la probable precipitación de los contratiempos que dejen a la Isla en medio de una encrucijada de extrema vulnerabilidad.
No se debería menospreciar la relativa importancia estratégica de Cuba, en términos no tanto militares como políticos. Todavía, a pesar del desgaste y los desaciertos, sigue considerándose un referente de la izquierda, fundamentalmente por la simbología que entraña en un contexto geográfico idóneo (90 millas de los cayos de la Florida) y una capacidad de beligerancia, más retórica que real, pero que llega a insertarse dentro de un esquema de mucha utilidad para países que buscan, bien detener, equilibrar o afrontar el poderío de occidente, en especial, de Estados Unidos.
Parece que la suerte vuelve a alumbrar a la élite de poder a la hora de encontrar patrocinadores. De alguna manera a Rusia y a China les conviene brindar ciertas atenciones a Cuba. Saben que es una especie de tótem para los viejos y nuevos baluartes del socialismo en los cinco continentes. Además la región latinoamericana, poco a poco, se ha convertido en una productora neta de gobiernos afiliados a esas doctrinas, que van del ejercicio de la ortodoxia excluyente hasta la socialdemocracia en sus diversas categorías.
Latinoamérica ha ido adquiriendo importancia en el tablero de la geopolítica. Beijing y Moscú alternan jugadas en lo que pudiera ser la reedición de otros capítulos de la guerra fría.
Más allá de las oportunidades de concretar negocios redondos. Hay intenciones de articular un frente ideológico contrapuesto a los centros del capitalismo mundial. La primacía nuevamente se disputa fuera de las fronteras de las naciones en conflicto.
Cuando la revolución de Chávez comience a perder velocidad-y parece que no habrá que esperar mucho tiempo para constatarlo-otras poleas se moverán para mantener viva la probabilidad de que otros países queden lo más alejados posible, de la influencia norteamericana. De hecho, el plan ha entrado en funcionamiento con evidentes muestras de implicación y sentido de una estrategia sin marcha atrás.
La dirigencia comunista en Cuba ha salido a buscar insumos para consolidar la sucesión y retocar el socialismo. A juzgar por los hechos, las cosas van por la vía del éxito.
El circo continúa. Los tickets ya están la imprenta. Moscú pone el papel y la tinta viene de China. Para los pusilánimes la entrada es gratis. Solo se les exige dos millares de aplausos y sonrisas de todos los colores. Una curiosidad: nunca sobran capacidades.
Lo de nunca acabar
Las ilegalidades sobreviven. Cambian de estilo, se transforman, pero no se extinguen. Todavía hay margen para escabullirse de las penurias con la ilegitimidad a cuestas y también para que los estafadores consuetudinarios continúen cosechando éxitos.
Es que la sociedad está prostituida, sin brújula moral y divorciada de la ética. Son las condicionantes impuestas por un diseño político y económico escapado de la sensatez e inmejorable en el arte de repartir la pobreza con equidad y el manual de las consignas patrióticas en letras mayúsculas para prevenir equivocaciones y olvidos.
Los tiempos indican que es preciso adoptar otras tácticas, mejorar el camuflaje, afinar el olfato para detectar el peligro a mayor distancia. Hay una ley marcial que se escurre por debajo de editoriales y llamamientos. Por eso el hecho de toda una revolución en aras de inventarse cómo burlar el cerco.
El cubano no pierde la perspectiva, se arriesga, persiste en ser un huésped de la ilegalidad. Sabe que esa es la alternativa, la única, mientras el estado no desate los nudos del excesivo control, la centralización a ultranza y el burocratismo
No existen atajos legales para esfumarse de la miseria. Ahora han puesto a la entrada de esos caminos ilícitos con miles de huellas y complicidades, más “chivatos” y policías como una manera de cazar infractores a diestra y siniestra.
Muchos han caído en desgracia, bien por lucrar o simplemente por inventarse una vía de supervivencia en el lado opuesto de la legitimidad, pero la victoria del régimen está lejos de una definición exacta. Aunque se empeñe en correctivos, la sociedad tiene su propia dinámica ya asentada sobre bases por el momento inamovibles. Detrás de la pared del terror hay vida, quizás inmunda y precaria. Allí es donde se encuentran las claves de una nación degradada a niveles alarmantes.
El sistema reproduce sus fallas. Anuncia novedades y siembra mayores podredumbres. Es parte de un ciclo que ha sumido a tres generaciones en la duda y la impotencia. En el mismo sitio del espíritu revolucionario crece la doble moral, la apatía, el mandato natural de tener que ser un reo de la deshonestidad.
La escacez de hoy es otro sablazo que hiere de muerte al futuro. Por más que se quiera pensar en un amanecer, la memoria se tiñe con el color de la noche.
Eso debe tenerlo presente el que se las ingenia para vender el paquete de café de la cuota racionada con el susto reflejado en la mirada y el padre de familia sorprendido in fraganti cuando intentaba encontrar un comprador para un par de rústicas artesanías.
Son la gente de la periferia, los menos favorecidos dentro del perímetro del socialismo que es lo mismo que decir selva.
Los más aptos sobreviven y hasta amasan fortunas a cuenta del ejercicio del robo en sus múltiples facetas.
Todos corren peligro, pero hay que seguir en el “campo de batalla”. No hay opciones. Si algo salta a la vista en la actualidad es que el desabastecimiento ha generado nuevos empleos, por supuesto ilegales.
En las largas filas de los agromercados estatales reapareció el “colero”. Éste personaje típico es el que marca para dos o tres presuntos familiares. Pernocta a la intemperie toda la noche y la madrugada custodiando su puesto. Por cada cliente cobra entre 20 y 40 pesos cubanos. Por ahora le es imposible extender sus servicios. “Esto tiene que ser “suave”, sin ambiciones, que la cosa está que arde”, me dijo una persona que se dedica a estos menesteres.
El estado patea el avispero buscando el orden. Los vuelos por la geografía de la ilegalidad tienen otros itinerarios y los mismos protagonistas. El delito es una hermandad, una filosofía de la resistencia que sobrevive a decretos y carencias. En relación a esto siento la tentación de ser absoluto, como el poder del partido comunista. Una comparación fiable y penosamente grotesca.
Esceptisismo
España tiende la mano. Cuba, el revólver cubierto con un pañuelo de seda y la ojeriza bajo el camuflaje de una amabilidad con los mejores atributos.
Es así que se estructura una negociación que más bien parecen concesiones unilaterales. Madrid apuesta por el apaciguamiento. La Habana recoge el producto y promete un pago a plazos, sin apuros.
Es una transacción ardua y con síntomas de poner en el candelero las llamas de la estafa. Al calor de lo que se anuncia, el socialismo es el único derrotero, la vía que se busca pavimentar con la cooperación española para seguir la marcha por el devenir de la historia.
La nomenclatura insular no se excusa por nada, ni ante nadie. Se proyecta como mejor lo sabe hacer y como lo ha hecho siempre. Delante de la racionalidad el capricho, en el reverso de la honestidad la abyecta manipulación, primero el orgullo y después los leves tonos de la modestia.
Ese es el esquema que vuelve a la palestra para escenificar una parodia de convenio donde el compromiso queda suspendido sobre una cuerda floja. ¿En que fecha el régimen cubano dejará en libertad a los presos de conciencia?, ¿Cuál el día en que se eliminen las restricciones para salir y entrar libremente al país?, ¿Cuándo el momento de ver una ley que permita el trabajo particular, sin trabas absurdas, ni asedios delirantes?
Son temas puntuales que los representantes de la Isla se empeñan en disolver con evasivas, y si lo tienen a bien, con mínimas y esporádicas entregas.
Aunque se derroche esperanza, es poco el espacio para pensar en un equilibrio en cuanto al “toma y daca”, inherente a cualquier transacción de índole económica o política.
La élite de poder cubana es pródiga en exigir y miserable a la hora de dar. Su postura se fundamenta en un egoísmo sin límites si las solicitudes rozan los mecanismos de control absoluto y todo un diseño en función de obtener, a bajo costo, el sometimiento de la sociedad.
El viceministro cubano para la Cooperación y la Inversión Extranjera Ricardo Guerrero, lo ha notificado sin rodeos: “La Isla aceptará la cooperación de cualquier país de la Unión Europea (UE) si practica la “línea” ya iniciada por España”.
En síntesis, no hay nada definido de antemano respecto a que- en breve- exista el marco para una negociación seria y responsable.
Cuba asume una posición de fuerza más cerca de la ruptura que de la intención de formalizar un diálogo amplio y de tangibles resultados en las áreas de mayor conflictividad.
En un inicio la impedimenta para llegar a acuerdos era la eliminación de las sanciones diplomáticas establecidas en el 2003 a instancias del encarcelamiento de 75 disidentes a largas penas de prisión. Finalmente fueron suprimidas en el año en curso.
No sería sorpresa, si a través de España no consiguen el nivel de resultados políticos estimados, o sea lograr que el mayor número de naciones del boque continental sigan las pautas del gobierno encabezado por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE), que desempolven un ultimátum con la finalidad de pedir la anulación de la llamada Posición Común de 1996 que condiciona la completa normalización UE-Cuba a cambios tangibles en la economía y en el ámbito de los derechos humanos.
Lo más sensato al observar el desarrollo de los acontecimientos es refugiarse en el escepticismo.
No es una decisión tomada al azar. El lenguaje y las actitudes son reveladores de una estrategia sin puntos de contacto con desenlaces más o menos pragmáticos, transparentes y equilibrados.
Los usufructuarios del poder en Cuba quieren permanecer en su sitio. Juegan a la confrontación y al desafío como una manera de legitimarse. Lástima que sigan en las redes de ese cruel pasatiempo.
Estadio de sitio
El socialismo saca a la palestra otras de sus reformas. Después de permitir a los cubanos la compra de equipos de DVD, computadoras (sin acceso a Internet) y hospedarse en hoteles con la imposibilidad de optar por ofertas más económicas y sujeto a chequeos subrepticios por parte la policía política, vuelve a abrir el diapasón de las “innovaciones”.
Ahora ha acortado el trayecto entre la detención, el juicio y la cárcel. Todo se lleva a cabo con una envidiable eficiencia. No hay medias tintas. Lo mismo da el jubilado que oferta su cuota de cigarros racionada en la vía pública, que quien se atrevió a comprar guayaba en el agromercado para convertirla en dulce y venderla.
Están en el mismo saco los estafadores habituales, el que sobrevive de la reventa de cualquier cosa, los acaparadores, el ladrón profesional y el humilde trabajador que tras concluir su jornada laboral se las ingenia para dar de comer a los suyos de la manera más legal posible.
El delito es una cultura basada en las pautas de unas circunstancias donde el esfuerzo no es directamente proporcional a una justa compensación. Trabajar en alguna dependencia del estado (el único empleador), es un ritual. Nada que ver con el ejercicio de una tarea con un sentido de la objetividad y la lógica.
En Cuba se trabaja no desde la visión de desempeñar una labor donde prime la honestidad y el despliegue de todas las habilidades profesionales. Lo primero que estudia el potencial empleado, no importa en que renglón, es el uso de tácticas y estrategias para llevarse cualquier producto. El mercado negro es el terreno donde quedan, tan siquiera parcialmente, cubiertas las más apremiantes necesidades. Esto no son eventos pasajeros, es una realidad asentada en la sociedad que ha logrado borrar la línea entre la ética y la impudicia.
Sería muy útil, pero utópico realizar un censo con la finalidad de averiguar el porciento de cubanos que han permanecido al margen de la ilegalidad. Obviamente muchos se vestirían de santos y hasta recriminarían la actitud que han practicado toda su vida adulta o en repetidas ocasiones forzados por las privaciones. La doble moral es otro de los fenómenos que parte de las mismas raíces: un gobierno inepto y corrupto resguardado por el terror unido a un disparatado diseño económico con base en la centralización a ultranza y en la idea de llenar con ideología el nicho de la eficiencia.
Nuevamente aparece el terror como medida de corrección social. Aunque no se haya dicho explícitamente, existen las condicionantes que delinean el perfil de un estado de sitio.
La cantidad de personas detenidas y procesadas por tribunales improvisados y de manera expedita es impresionante. Todo ocurre bajo un manto de excesos y arbitrariedades que lejos de introducir el orden podrían ensanchar los márgenes de conflictividad.
Con el uso de la fuerza sin la utilización de incentivos que actúen como contrapesos, se corre el riesgo de crispar aún más el tejido social. La situación, de continuar deteriorándose, acercaría las probabilidades de estallidos. En un inicio locales, pero dado el ambiente de desabastecimientos agravados por el paso de los huracanes Ike y Gustav, la grave generalización de la desesperanza y el abrupto cierre de los mecanismos inherentes al mercado negro a través de los cuales millones de cubanos sobrevivían y otros, lucraban, pues habría que prepararse para un peligroso desbordamiento de la anarquía, hasta ahora bajo ciertos controles, pero hoy más que nunca al borde de una ruptura.
En la hoja de los cambios apenas se nota el color de la zanahoria. El nuevo mandatario de Cuba parecía más sensato, pero era una de las aristas del espejismo. Lo visible, desde cualquier ángulo, es el garrote en alto. Listo para el próximo golpe.
Marcar la diferencia
Hugo Chávez se empeña en ser diferente. Tiene petrodólares para jugar a la geopolítica y darle a la economía venezolana un barniz de oro molido. Es el eje fundamental de una dramaturgia donde figura como el benefactor de un proyecto basado en la igualdad de clases y que recrea la organización de estilo comunal como uno de los pilares del nuevo orden.
Rechaza-de plano- las relaciones establecidas por el capitalismo moderno. Dice estar convencido de que todo eso es pura bazofia, malas herramientas para crear la felicidad y la armonía social.
Mira hacia el sistema feudal con nostalgia, le saca una copla al tribalismo indígena, lee el prefacio de las obras de Marx y Engels, le pide consejos al espíritu de Lenin, pasa revista al epistolario de Simón Bolívar, se aprende de memoria el catecismo estalinista y viene regularmente a La Habana a recibir consejos de Fidel Castro.
Chávez no pierde tiempo en su entrenamiento para llegar a ser el presidente de América Latina. Una región que anticipa como la antesala del Edén bajo su futuro mandato.
En esas historias invierte tiempo y recursos, sin tacañerías. Es su obra en proceso de gestación.
El partido único, los comités de defensa de la revolución, el control de la prensa, el centralismo democrático, las brigadas de respuesta rápida. Todo se viene conformando al calor de una voluntad- hasta ahora indoblegable-por querer llevar a término lo que no pudo su único mentor vivo, o mejor dicho, casi vivo.
Viajar a La Habana se ha hecho una rutina que aporta claras evidencias de una componenda más allá de cualquier duda.
Es el discípulo que viene con agenda, bolígrafo, oídos en plena capacidad auditiva y la lista-en orden cronológico- de las próximas visitas.
Fidel Castro va a morir sin poder ver reproducido a nivel continental el sistema político que ideó- en Cuba- con mano de hierro. En el ocaso de su vida aparece un hombre de confianza, un aprendiz de dictador, alguien permeable a su filosofía tercermundista y a su megalomanía.
No importan las diferencias de temperamento y carácter, en esencia Chávez es un heredero perseverante y sin escrúpulos. Aunque utilice tonadillas, desde el púlpito, para malhumorar a Álvaro Uribe y las más torcidas groserías contra George Bush, el huésped del Palacio de Miraflores tiene cualidades, tal vez mínimas e imprescindibles, para asumir el papel de continuador del legado del convaleciente ex -mandatario cubano.
De acuerdo a lo que se vislumbra entre líneas, Raúl Castro no comulga del todo con esta estrategia de querer sumar a la isla en esta ofensiva antiimperialista, al menos en la atmósfera que Chávez ha creado, marcada por el desafío y el tono de la guerra fría.
Las circunstancias no son propicias, mucho menos ahora con las tensiones internas exacerbadas por el devastador paso de dos potentes huracanes y también a causa de la relativa debilidad institucional en ausencia de la figura rectora del “socialismo” insular y las solapadas, pero reales e irreversibles, divergencias tanto en la élite política como en la cultural.
Hay muchas maneras de marcar la diferencia. Para lograrlo bastan la valentía y la determinación.
Quizás sea aparentemente más fácil ir a favor de la corriente chavista, como lo hace Raúl. Por esa ruta el camino puede empedrarse más de la cuenta y la patria volcarse. De nada valdrá tratar de corregir el movimiento en medio de las volteretas.
Rebeldes con causa
A Barack Obama le sobran adeptos en Cuba. Según ha dicho le aflojaría algunas clavijas al embargo y eso representa un haz de esperanza entre la densidad de las tinieblas, según las percepciones de no pocos compatriotas. O sea, algo muy significativo desde la perspectiva de los que tienen familiares en Estados Unidos y también de quienes se adhieren a la idea de que una política menos contenciosa ayudaría a crear el ambiente necesario para sentar las bases de futuras negociaciones entre ambos países.
Una parte de los que desean el arribo a la Casa Blanca del senador por el estado de Illinois, apuesta- y con holgado margen de certeza- que el hipotético proceso del “deshielo” bilateral terminará en mayores posibilidades para que Cuba entre por el carril de la democracia y la prosperidad en cualquiera de sus configuraciones. En relación con esto último, mejor algo que nada.
Barack Obama ha prometido que eliminará las restricciones que los cubanoamericanos enfrentan para visitar a sus familiares en la isla impuestas durante el mandato de George W. Bush. Las disposiciones establecen la autorización de viajar una vez cada tres años.
Por otra parte habrían reformulaciones en relación al envío de remesas. En este caso se eliminaría la medida que solo permite transferencias monetarias limitadas: 100 dólares mensuales.
Realmente, la implementación de tales leyes no debería ser el acicate para pensar en escenarios más o menos favorecedores de un clima de confianza para el advenimiento gradual e irreversible de una transición democrática. Eso sería darle a la objetividad una relevancia ilusoria.
No es que queden descartados del análisis la probable utilidad de estos presuntos replanteamientos del aspirante demócrata a la Casa Blanca. Lo perjudicial viene dado en apostar ciegamente a favor de teorías influenciables-como todas-por el universo circunstancial y por hechos que no responden-muchas veces- a la lógica, al menos la más cercana al círculo de la racionalidad.
Observando la historia en retrospectiva, la curva de las crisis-entre Cuba y Estados Unidos- ha remontado los niveles más altos bajo gobiernos encabezados por el partido demócrata.
Con John F. Kennedy, en 1962, la crisis de los misiles que puso al mundo al borde de una tercera guerra mundial. En aquella ocasión la instalación en la isla de proyectiles nucleares se convirtió en uno de los problemas de mayor resonancia en la historia contemporánea. Fidel Castro daba fe de su megalomanía y la costumbre de reproducir atmósferas basadas en la confrontación y el chantaje.
Posteriormente, Jimmy Carter, quien estrenó una política de acercamiento y gestos de buena voluntad en aras de rebajar el tono de las tensiones con el propósito de recomponer las maltrechas relaciones, tuvo que padecer-en 1980- un éxodo masivo de más de 125 000 cubanos. Para aumentar los daños y las dimensiones de la crisis, el régimen de La Habana, priorizó la salida de locos procedentes de sanatorios mentales y criminales con profusos expedientes delictivos.
Más tarde, en 1994, le tocó el turno a Bill Clinton. Esta vez, el Estrecho de la Florida se volvió a llenar de cubanos. La cifra superó las 30 000 personas, desatando otra tragedia a partir de la estampida de esa enorme cantidad de personas. Clinton, quiso transitar por la vía del diálogo discreto y el compromiso, pero sus intenciones terminaron en las redes del fracaso.
Frente a estos acontecimientos es prematuro cantar victoria. El fundamento del poder en Cuba y los hilos de su ideología tienen su raíz en el periódico reciclamiento de las tensiones.
Particularmente estimo que por encima de la intencionalidad se impone el realismo. Un error ahora adquiere la misma topografía de un abismo y no son tiempos para estar haciendo malabares en los bordes del precipicio.
Dentro de Cuba, los candidatos a irse en desbandada se multiplican por día. Todos quieren que salga electo Barack Obama. Según ellos, la fuga tiene más garantías de concretarse con Obama que con McCain.
Es difícil que Raúl Castro baraje el fomento de este tipo de escenario como forma de alcanzar una legitimidad que navega en un mar de incertidumbres, pero el resquebrajamiento total de la sociedad puede precipitarse en contra de sus previsiones.
De ahí al éxodo masivo solo un paso. Ellos, los de la cúpula, deben estar-en extremo- preocupados por que eso suceda. Yo también.
El cuerpo en Cuba y la mente en Washington
A Barack Obama le sobran adeptos en Cuba. Según ha dicho le aflojaría algunas clavijas al embargo y eso representa un haz de esperanza entre la densidad de las tinieblas, según las percepciones de no pocos compatriotas. O sea, algo muy significativo desde la perspectiva de los que tienen familiares en Estados Unidos y también de quienes se adhieren a la idea de que una política menos contenciosa ayudaría a crear el ambiente necesario para sentar las bases de futuras negociaciones entre ambos países.
Una parte de los que desean el arribo a la Casa Blanca del senador por el estado de Illinois, apuesta- y con holgado margen de certeza- que el hipotético proceso del “deshielo” bilateral terminará en mayores posibilidades para que Cuba entre por el carril de la democracia y la prosperidad en cualquiera de sus configuraciones. En relación con esto último, mejor algo que nada.
Barack Obama ha prometido que eliminará las restricciones que los cubanoamericanos enfrentan para visitar a sus familiares en la isla impuestas durante el mandato de George W. Bush. Las disposiciones establecen la autorización de viajar una vez cada tres años.
Por otra parte habrían reformulaciones en relación al envío de remesas. En este caso se eliminaría la medida que solo permite transferencias monetarias limitadas: 100 dólares mensuales.
Realmente, la implementación de tales leyes no debería ser el acicate para pensar en escenarios más o menos favorecedores de un clima de confianza para el advenimiento gradual e irreversible de una transición democrática. Eso sería darle a la objetividad una relevancia ilusoria.
No es que queden descartados del análisis la probable utilidad de estos presuntos replanteamientos del aspirante demócrata a la Casa Blanca. Lo perjudicial viene dado en apostar ciegamente a favor de teorías influenciables-como todas-por el universo circunstancial y por hechos que no responden-muchas veces- a la lógica, al menos la más cercana al círculo de la racionalidad.
Observando la historia en retrospectiva, la curva de las crisis-entre Cuba y Estados Unidos- ha remontado los niveles más altos bajo gobiernos encabezados por el partido demócrata.
Con John F. Kennedy, en 1962, la crisis de los misiles que puso al mundo al borde de una tercera guerra mundial. En aquella ocasión la instalación en la isla de proyectiles nucleares se convirtió en uno de los problemas de mayor resonancia en la historia contemporánea. Fidel Castro daba fe de su megalomanía y la costumbre de reproducir atmósferas basadas en la confrontación y el chantaje.
Posteriormente, Jimmy Carter, quien estrenó una política de acercamiento y gestos de buena voluntad en aras de rebajar el tono de las tensiones con el propósito de recomponer las maltrechas relaciones, tuvo que padecer-en 1980- un éxodo masivo de más de 125 000 cubanos. Para aumentar los daños y las dimensiones de la crisis, el régimen de La Habana, priorizó la salida de locos procedentes de sanatorios mentales y criminales con profusos expedientes delictivos.
Más tarde, en 1994, le tocó el turno a Bill Clinton. Esta vez, el Estrecho de la Florida se volvió a llenar de cubanos. La cifra superó las 30 000 personas, desatando otra tragedia a partir de la estampida de esa enorme cantidad de personas. Clinton, quiso transitar por la vía del diálogo discreto y el compromiso, pero sus intenciones terminaron en las redes del fracaso.
Frente a estos acontecimientos es prematuro cantar victoria. El fundamento del poder en Cuba y los hilos de su ideología tienen su raíz en el periódico reciclamiento de las tensiones.
Particularmente estimo que por encima de la intencionalidad se impone el realismo. Un error ahora adquiere la misma topografía de un abismo y no son tiempos para estar haciendo malabares en los bordes del precipicio.
Dentro de Cuba, los candidatos a irse en desbandada se multiplican por día. Todos quieren que salga electo Barack Obama. Según ellos, la fuga tiene más garantías de concretarse con Obama que con McCain.
Es difícil que Raúl Castro baraje el fomento de este tipo de escenario como forma de alcanzar una legitimidad que navega en un mar de incertidumbres, pero el resquebrajamiento total de la sociedad puede precipitarse en contra de sus previsiones.
De ahí al éxodo masivo solo un paso. Ellos, los de la cúpula, deben estar-en extremo- preocupados por que eso suceda. Yo también.
Ciegos y sordos
Somos cultos. Eso han dicho no pocos dirigentes y tarugos con la perenne inclinación a repetir-sin balbuceos- todo cuanto aparezca en el guión del día. Hay personas que se lo creen. Para confirmar las tesis que dan por hecha la magna obra de haberse convertido Cuba en un emporio de sapiencia universal, muchos universitarios sacan sus diplomas de graduados y si hace falta recitan de memoria las últimas consignas. Es cuestión de estar en concordancia con los compases de una realidad que el partido comunista dicta mediante leyes aprobadas por unanimidad y decretos que duelen como una trompada de Casius Clay. Ante eso, ni un gruñido de dolor, solo son admisibles sonrisas y aplausos.
Ser revolucionario a imagen y semejanza del poder absoluto es una asignatura primordial en el camino hacia las cimas del conocimiento. Según las reglas no puede haber- a la misma vez- erudición y discrepancias ideológicas. A las cumbres del saber se llega con inteligencia, constancia y total fidelidad a los postulados del partido y el gobierno. Un disidente culto es inconcebible.
Quién diga que bajo la férula del socialismo se han graduado, de estudios superiores, cientos de miles de jóvenes, expresa una verdad irrebatible. Lo que no se puede tolerar es el torpe convencimiento de que todos esos estudiantes son lumbreras capaces de hacer brincar del asombro a sus pares de la Universidad de Yale.
La grandilocuencia de las cifras se ha tomado como un parámetro para dar por sentado el éxito. Hay una mentalidad fabril apta para operar en cualquier área. Producir médicos, ingenieros, abogados. Cultivar agrónomos, periodistas, matemáticos. Es una fórmula que tiene por base el perfil publicitario y por estructura dos pares de hipertrofiadas paredes con un techo de humo. Todo muy bello desde las páginas de la prensa oficial o en boca de los ilustres artesanos de la retórica. En la concreta, mucho ruido y pocas nueces.
¿Cuántos universitarios, después de graduados, deben realizar otras actividades totalmente ajenas a la materia en la que invirtieron 5 o 6 años de estudio, a causa de la poca disponibilidad de plazas o la fatalidad de no contar con “padrinos” influyentes, ni con el dinero que compra y corrompe?
¿Cómo explicar desde una óptica formal y ajustada a mínimos parámetros de sensatez que primen las exigencias políticas por encima de los requerimientos académicos?
¿Es posible en la era de la globalización alcanzar lauros de excelencia a escala masiva con apenas contactos con otras instituciones similares- en el exterior-, y además contar con escaso o nulo acceso a herramientas tecnológicas, hoy transformadas en medios imprescindibles para dotarse de mejores conocimientos?
La crisis en la rama pedagógica es de dimensiones extraordinarias sobre todo en el ámbito de la enseñanza primaria y secundaria, aunque los problemas también afectan los centros de universitarios.
Enseñar se ha convertido en un calvario. Muy poca plata y demasiadas obligaciones. Por eso el éxodo hacia empleos, de menor calificación, pero más lucrativos. No es raro que un vendedor de dulces a domicilio perciba superiores retribuciones monetarias que un profesor universitario. ¿Puede haber calidad en la docencia ante tales disparates?
El mundo moderno se alista para entrar de lleno- en el 2015- a la Internet de tercera generación. Eso en Cuba es lo mismo que hablar de asuntos intergalácticos. Para colmo, me enteré por el diario Juventud Rebelde. Una de las plataformas de papel donde el gobierno lanza sus dardos para cazar tontos útiles allende las fronteras y propinar bofetadas a los que todavía nos atrevemos a abrir sus páginas en intramuros.
Allí escondida en un rincón del periódico, la novedad. Por fortuna hace tiempo aprendí a esquivar los golpes.
Gracias a un poco de valor y perseverancia he podido ir saliendo de las cavernas. Valga decir que el garrote en el país que venden como un portento cultural está a la vuelta de la esquina. En esas geografías, Internet es una lejana referencia, un nombre oscuro y denso. Las universidades caen dentro de tales perímetros. Muchos de sus moradores siguen ciegos y sordos por prescripción del poder central. Saber más de lo debido es contraproducente. La cultura en Cuba tiene muchas costuras. ¿Desde cuando el remiendo es una señal de magnificencia?
Armas africanas
El fuego es cruzado. Hay que andar con la guardia en alto en las calles de La Habana para no caer fulminado, bien de un “disparo” certero o de una “ráfaga” inclemente. Es una guerra en silencio. Sí, un conflicto en el que no se escuchan el silbar de las balas, ni los morterazos, pero se pueden observar en el rincón más insospechado el arsenal de los guerreros.
Las pruebas de que el conflicto es real, se encuentran fácilmente bajo la sombra de una palma real o amontonadas en alguna esquina. Cintas rojas, pollos decapitados, un racimo de plátanos calzando una cabeza de chivo, por otro lado una jicotea sin el carapacho.
De ahí parten las balas y los cohetazos. Son la materia prima de las bombas espirituales para desgraciarle la vida a algún presunto enemigo, alejar la mujer extraña del marido, robarle la suerte al afortunado, hacer que alguna fémina se rinda, sin muchos esfuerzos y para siempre, en los brazos del conquistador. Hay toda una infinita gama de anhelos en los miles de cubanos que acuden diariamente a este tipo de faenas.
Sobran brujos y espiritistas en función de brindar sus servicios a precios que van de la modestia al lucro más destemplado. Todo depende del éxito que reporten sus recetas.
Hay toda una cultura que retroalimenta la fe en tales recursos llegados a Cuba a partir de la importación de esclavos africanos-como mano de obra en las plantaciones- desde mediados del siglo XVI.
Independientemente de su factibilidad o no, cientos de miles de cubanos depositan toda la confianza en estos rituales para zafarse de las tenazas de sus desgracias y allanar el camino hacia la prosperidad. Lo cierto es que aunque muchos no logran su objetivo, insisten en encontrar a algún experto en estas cuestiones que les proporcione alivio o esperanzas.
No pocos caen en el fanatismo y hasta en la locura. Incluso existen personas que invierten gran parte de sus escasas economías en consultas y ceremoniales con tal de alcanzar sus fines, sin embargo puede ser que sus vidas continúen sin cambio de ningún tipo. Esto se convierte en un círculo vicioso donde no faltan timadores siempre a la caza de incautos.
Existen temores de rozar o pisar inadvertidamente esos paquetes dispersos bajo árboles y rincones de la ciudad, muchas veces destrozados por perros y gatos hambrientos. Eso, según la idea popular resulta en posibles percances personales. Por eso el atribulado puede ser que baraje la probabilidad de responder con la misma “arma”. Es decir hacerse una “limpieza” a profundidad tal vez con los mismos ingredientes que pisó sin quererlo. Así La Habana se llena de animales muertos, frutas podridas, flores y hierbas mustias, cintas a colores y tabacos mordisqueados.
Esas son parte de las municiones utilizadas por gente de bien, prostitutas, ladrones profesionales, familias con enfermos graves, ciudadanos interesados en un viaje al exterior para regresar como turistas. En fin, es como una ruta de escape para salir de las tribulaciones o mandar al cementerio a un adversario real o potencial.
En los hospitales es común detectar o enterarse de que alguien puso en el baño un par de huevos de gallina, rociados con perfume y envueltos en una tela blanca. Dicen, los entendidos que es para pasarle la gravedad del familiar hacia otro de los pacientes ingresados en la misma sala. El asunto es defender la vida de los suyos por todos los medios posibles.
“No has probado con el revólver africano”. En esos términos queda la esencia de un pensamiento que embarga la mente de intelectuales y obreros, amas de casa y jubilados, estudiantes y profesionales, negros y blancos, en aras de darle solución a una problemática determinada.
En toda guerra hay bajas colaterales. Entonces es preciso afinar las precauciones para no recibir una herida entre tanta “balacera”. Hay ritos que llevan huesos de muerto robados de las tumbas. Eso no puede traer nada bueno. En una ciudad pésimamente alumbrada cualquiera puede caer en uno de los tantos huecos presentes en calles y aceras. También son posibles otros percances más allá de una simple caída. En esta guerra no hay armisticio.
Desequilibrios
En la mirada se desborda el sufrimiento. La vista fija en el lente, el costillar exquisitamente definido, las clavículas dictando- a viva voz- una tesis sobre la fragilidad y el desamparo. Toda la osamenta cubierta por una piel quebradiza y mustia. La misma que abriga un vientre en forma de globo.
Es la descripción de uno de los niños descamisados que posan para la fotografía. Son cinco infantes carcomidos por la desnutrición, ajenos a la esperanza y a una cena que le alivie el dolor de sus hambres.
Obedecen al fotógrafo con desgano. Están de pie, por una casualidad difícil de explicar a partir del caos que desata toda su furia en sus cuerpecillos. No hay dudas, son africanos. Quizás pertenecientes al área subsahariana donde alimentarse es como emprender un viaje a Saturno en calzoncillos. Allí no se encuentra el pan nuestro de cada día, solo el silencio de la amargura y los gritos de la desesperación.
Ellos están fuera del escaso perímetro de la abundancia donde sus gobernantes amasan extraordinarias fortunas y redactan discursos erizados de expectativas. Esa es la oferta para esas multitudes de seres humanos que pasan por la vida como sombras.
En la instantánea hay una enciclopedia de fatalidades. Un cuadro que toca las cuerdas de los sentimientos con manos de gigante. Simplemente queda sembrado en la memoria el lado más oscuro de la humanidad.
No solo porque sean de la raza negra quienes languidecen entre una densa capa de olvidos, sino que en las cercanías hay gente que desde tronos y palacetes disfrutan de manjares y finezas de manera recurrente. Son los líderes empeñados en un histrionismo de pacotilla. Gente que nacieron en la misma tierra y de rasgos que denotan una empatía racial más allá de cualquiera duda.
El explotador no es el blanco que la ideología tercermundista toma como única referencia. Hay hombres dispuestos a olvidarse de los suyos de una manera cruel. En África, a pocos kilómetros de esas escenas dantescas en que la desnutrición es como un pistoletazo en la sien, habitan los señores de traje y corbata con la “amenaza” del próximo banquete y “el disgusto” de tomar cerveza en copas de cristal muy fino.
Entre una avalancha de realidades que ilustran el fenómeno en su justa medida, continúa el tono monocorde del alegato dado en hallar culpables solo en el modelo capitalista, las corporaciones transnacionales, el orden mundial, los organismos financieros internacionales, entre otras instancias en su mayoría dominadas por los países más desarrollados.
Deberían acometerse transformaciones con el fin de paliar los agudos desequilibrios, fundamentalmente de carácter económico, que afectan a millones de habitantes alrededor del mundo, sobre todo quienes habitan en naciones pobres. Por otra parte, es preciso analizar con la mayor objetividad posible cuales son las raíces de esa pobreza. No todas las causales son externas. Hacia el interior de muchos de estos países existe una tendencia a la no renovación de la mentalidad en función de revolucionar conceptos y evitar el reciclamiento de errores camuflados bajo nuevas fórmulas retóricas.
El caciquismo, las reminiscencias tribales, las recetas populistas, la arbitraria distribución de los presupuestos, el irracional control del estado sobre la sociedad, son algunos de los estigmas que arrastran innumerables gobiernos del llamado tercer mundo.
Aunque se insista en África a la hora de mostrar imágenes de la miseria en sus grados más dramáticos, hay que pensar en que no solo el capitalismo es productor neto de esas tragedias. La vía socialista, al menos la que el hombre ha puesto en la escena mundial, no ha sido un remedio eficaz para armonizar la controvertida existencia en el planeta tierra.
Cuba es un fiel ejemplo de ineptitud y fracaso respecto al afán de crear un sistema más racional y humano. A 50 años de revolución, hay racionamiento, personas que aún viven en chozas, zonas por electrificar. De acuerdo a los miles de millones invertidos en el proyecto, el saldo es funesto. A modo de conclusión valga apuntar que aquí, en la isla, también hay una élite política que disfruta al máximo las delicias del capitalismo mientras la mayoría del pueblo está obligado a soportar el yugo de una supervivencia con sus pinceladas feudales.
Reyes y dictadores, sultanes y caciques se han puesto de acuerdo: Para justificar su dulce vida dirigen el dedo índice fronteras afuera. En alguna parte del universo están los culpables de las insuficiencias internas.
Música para sordos
Las desgracias tienen remedio. Eso evidencian las imágenes de varios grupos de “doctores” enfrascados en cumplir su tarea a cabalidad. Ellos se encargan de aliviar los dolores del alma. Son especialistas en vendajes psicológicos y suturas que no logran- a pesar del empeño y el hilo fabricado en los mejores talleres publicitarios-un cierre duradero. Se abren fácilmente tan pronto acaba la función.
Los “galenos” que ahora hacen periplos por caseríos y aldeas sacudidas por la catástrofe, no llevan en sus botiquines pomos con solución antiséptica, aspirina, jarabes para el catarro y medicamentos para combatir los parásitos que viven en las aguas contaminadas. Llegan al lugar con guitarras, maracas, un acordeón y sus voces. Ese es todo el arsenal para calmar la ansiedad y refrescar el ánimo de los pobladores que sufrieron los embates de los recientes huracanes.
Les pidieron sumarse a la campaña terapéutica y desde entonces tratan de rebajar-con breves montajes humorísticos, guarachas, sones y por supuesto las recurrentes alusiones patrioteras- el dolor de las víctimas a merced de la intemperie o el hecho de padecer hambre en sus diferentes gradaciones. Los espectadores responden con una sonrisa, aplauden y siguen el patrón de una respuesta que se multiplica por toda la geografía de la hecatombe. Saben que ese arte viene contaminado con un terror que supera las líneas melódicas y todas las armonías. Ellos, los artistas, cumplen una orden de la alta jerarquía del partido comunista. Son piezas de un plan para reducir la densidad a la tragedia y poner sobre los tonos grises una pintura color rosa que atenúe el desconcierto y la irritación de los afectados por los fenómenos atmosféricos.
Las disonancias son indiscutibles. Un paquete de canciones con el estómago semi-vacío o sin energía eléctrica, cuenta con amplias posibilidades de convertirse en una chispa para elevar el fuego de la ira, sobre todo después de las últimas notas.
En el transcurso de los programas artísticos puede ser que haya algún espacio para el embelesamiento y cierto acceso a la alegría. Serían parte de las clásicas trampas emocionales. No obstante el predominio de las adversidades, tanto por su dimensión como por la escasa probabilidad de soluciones a corto o mediano plazo, terminan imponiéndose. Al final el dolor es más intenso a partir de los contrastes entre un efímero beneficio espiritual frente al drama de la supervivencia en sus versiones más dramáticas.
La ideología continúa en el rol protagónico, ahora bajo el camuflaje de una fusión de la cultura con el amor al prójimo. En el sustrato de las intenciones se distinguen los propósitos políticos de una maniobra que busca sembrar la idea de una sólida cohesión social fuera de cualquier duda y también subrayar un espíritu de preocupación del estado por los damnificados. Por otra parte se brindan ejemplos en medio de guitarrazos, palmadas acompañantes, risas y entonaciones a coro de los estribillos, sobre la presunta aceptación popular de las políticas del gobierno.
En definitiva lo que queda fijo en el recuerdo de millares de televidentes son las imágenes, fundamentalmente las transmitidas por los canales de la televisión. Lo demás queda en el pantanoso terreno de la especulación.
Transmitirle un mensaje cultural a quienes han quedado en absoluto desamparo material sin que se vislumbre un mejoramiento en los próximos meses, es algo que linda en el insulto. Mucho más cuando se rechazan ayudas internacionales por motivos poco convincentes desde el punto de vista humanitario.
Música y humor son medicinas de pobres resultados. Su efectividad lleva signos de interrogación delante de los miles de afectados por los demoledores eventos meteorológicos.
Cuando se acaban las funciones, regresa la tristeza entre los recuerdos del bohío desecho por el viento y el mobiliario flotando sobre el agua. Entonces-casi seguro-se experimenta la misma fatalidad de una congregación de sordos que acabaron de contemplar al grupo de músicos y actores en una mímica indescifrable. Al final ningún sonido de esperanza. Vacía, completamente vacía, la caja de los recuerdos agradables.
Soluciones de trapo
La solución siempre es posible. No hay obstáculos insalvables, ni tareas que sepulten el éxito. Basta pasar la vista por la prensa oficial (la única autorizada) para quedar convencido de que Cuba es un pilar de la buena gestión y el país mejor preparado frente a los desafíos.
Entre párrafo y párrafo se divisa un presente de envidiable factura. Todo marcha por los carriles de la impecabilidad. Se precipita-desde las primeras páginas- un aguacero triunfalista que deja boquiabiertos a los ingenuos y con una mueca de rechazo a quienes se conocen de memoria la dramaturgia.
Viaje al abismo
Parece ser que la ideología seguirá siendo el plato fuerte del poder en la isla. No es difícil adelantar pronósticos. Las noticias que llegan le ponen luz de neón y letra de molde a la incertidumbre.
El salto hacia adelante que vaticinaba el “nuevo” equipo de gobierno no era más que un amago de racionalidad, un gesto para impresionar al público en las gradas. Solo eso.
¿Señales del fin?
La madre natura descargó toda su furia sobre Cuba. Un par de huracanes han puesto literalmente en la calle a miles de personas. “Gustav” y “Ike” se llevaron los bajareques de Pinar del Río en el oeste de la isla y varias aldeas de Holguín, esa provincia de la zona oriental por donde entró con fuerza 4 en la escala Safir-Simpson, el segundo meteoro de nombre anglosajón. El recorrido fue pausado y atronador por toda la geografía insular. Inundaciones y hambre, sed y traumas psicológicos, todo eso aparece en el inventario del desastre.
En las cámaras de video-tape estuvieron en primer plano los paisajes más tétricos de una nación plenamente identificada con la peor de las miserias.
Rituales
Los jefes mueven la batuta, señal de que la función comienza a la hora en punto. Apenas hay variaciones. Todo está bajo control, sin grandes diferencias en las tesituras.
El coro se explaya intentando usurpar los márgenes de la autenticidad, pero es la vieja cantinela lo que envuelve el ambiente.
Fueron los obreros de la principal empresa siderúrgica del país quienes debutaron en la escena. Allí en la titulada “Antillana de Acero” tuvo lugar la primera asamblea de consulta popular sobre el Anteproyecto de Ley de Seguridad Social.
Los tomates de la discordia
De pillos estamos rodeados. Están en la base, en los enclaves del poder intermedio y en la alta jerarquía. Es un modo de vida, una filosofía que se cobija bajo la parafernalia patriotera, los anacronismos presentes en todas las instancias del estado y la politiquería en función de un delirante esquema de gobierno muy eficaz en hacer posible la cohabitación del dominio y la anarquía.
Desde el poder se insiste en la solidez de un discurso revolucionario que nada tiene en común con una sociedad totalmente divorciada de la disciplina, la educación formal y de puntuales preceptos éticos.